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TEMA 5. EL TEATRO

Gran Teatro Nacional de México

Vista interior del Gran Teatro Nacional de México desde el escenario

, de Pedro Gualdi, circa 1850.

5.1 Mito, rito y representación

Óscar Armando García


La puesta en escena es instrumento de magia y hechicería; no reflejo de un texto escrito, mera proyección de dobles físicos que nacen del texto, sino ardiente proyección de todas las consecuencias objetivas de un gesto, una palabra, un sonido, una música y sus combinaciones. Esta proyección activa sólo puede realizarse en escena, y sus consecuencias se descubrirán sólo ante la escena y sobre ella; el autor que sólo emplea palabras escritas nada tiene que hacer en el teatro, y debe dar paso a los especialistas de esta hechicería objetiva y animada.
ANTONIN ARTAUD, El teatro y su doble, p. 52.

5.1.1 La teatralización de los grandes mitos

¿Cómo surgió el teatro como fenómeno cultural? Para responder esta pregunta es necesario explicar, primero, la manera en que el ser humano desarrolló su capacidad de representación. La palabra representar (hacer presente algo que ya fue) refleja ese complejo procedimiento de la naturaleza humana para retener en la mente acontecimientos vividos y poderlos re-producir en tiempo y espacio diferentes a los del acontecimiento original. Desde tiempos muy remotos, el ser humano desarrolló un sistema de representación para dejar huella de su actividad cotidiana, elaborar herramientas y materializar su visión imaginaria de las deidades.

Los mitos cosmogónicos, en casi todas las culturas de la humanidad, son relatos que dan cuenta de los conflictos de las deidades; asimismo, revelan el origen misterioso de las fuerzas naturales y los diversos ensayos para la creación del mundo, la naturaleza y los seres humanos. Los mitos fueron configurándose como resultado de la representación lúcida del imaginario cosmogónico de las diferentes sociedades. Mito, literatura e historia tienen un elemento común: la capacidad de explicar el origen de los seres humanos y las fundaciones de sus pueblos.

El rito es, por esencia, la representación del mito. Desde la cacería representada hasta la configuración de eventos más elaborados, el rito es el fenómeno social que agrupa y fortalece la memoria de los pueblos: permite recordar la condición divina de aquellos que gestaron al ser humano y al conjunto de los pueblos. El rito es un espacio de comunicación entre los seres humanos y sus divinidades, el cual permite invocar, solicitar, meditar, reflexionar, reclamar, etc. Los rituales son, principalmente, los eventos donde se reúne una comunidad para confirmar sus creencias míticas. Todo ritual religioso permite representar, en comunidad, los sucesos más trascendentes de la historia mítica de cada religión. Desde las antiguas sociedades totémicas hasta las religiones más cercanas a nuestro entorno se llevan a cabo celebraciones donde se produce esta representación mítica.1

Otro rasgo de la ritualidad es su relación con los ciclos agrícolas. Esta peculiaridad se distingue en casi todas las culturas del mundo; los rituales se convierten en marcas importantes para las temporadas de siembra y cosecha, o bien para delimitar los días más largos y los más cortos del año. En estos procesos rituales puede ubicarse el surgimiento del teatro en los pueblos mediterráneos, principalmente en la Grecia del siglo v a. C., debido a que el teatro nace como una festividad agrícola en honor al dios Dioniso.

Desde sus primeras manifestaciones, el teatro tuvo la capacidad de representar historias que narraban mitos cosmogónicos, como Prometeo, Las suplicantes y Orestes, de Esquilo; Edipo Rey de Sófocles, y Medea y Las bacantes, de Eurípides. Estas historias relatan los conflictos de los dioses y el infortunio de los humanos a causa de los designios divinos.

Las representaciones funcionaban como un ejemplo didáctico para el pueblo griego. La audiencia participaba activamente como devoto, ciudadano y público, en un evento que presentaba, por medio de actores y en un espacio escénico, su mitología. Estas historias fueron denominadas drama; es decir, material dialogado para su representación en un escenario que tenía, como particularidad, la síntesis y la ubicación en espacio y tiempo determinados por la duración de la representación.2


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