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4.3.3 De la poesía y la construcción de identidades

Hércules y Anteo

Hércules y Anteo, de Antonio del Pollaiolo, circa 1475.

Un poema también es un espacio para explorar la identidad cultural. Por medio de éste, el escritor puede construir y cuestionar la manera en la que experimenta la vida social, la historia, el lenguaje y el lugar específico que habita. Estos elementos se encuentran presentes en el siguiente poema del irlandés Seamus Heaney, premio Nobel de literatura en 1995:


Anteo7

Cuando yazgo en el suelo
encendido me yergo cual rosa en la mañana.
Siempre me tiro a tierra en las peleas
para frotarme con la arena

y eso funciona
como elixir. No puedo destetarme
del extenso contorno de la tierra, sus venas-ríos.
Aquí abajo en mi cueva

ceñido por la roca y la raíz
me acuno en las tinieblas que me engendran
y me nutro por todas las arterias
lo mismo que un montículo.

Que cada nuevo héroe venga
en busca de manzanas doradas y del Atlas.
Luchar debe conmigo antes de penetrar
en este reino de la fama

entre los celestiales y los de sangre real:
puede arrojarme y renovar mi nacimiento
pero que no se salga con su plan de levantarme en vilo de la tierra,
mi elevación, mi caída.

Seamus Heaney nació en 1939, en el seno de una familia católica que vivía en la parte protestante e industrial del Ulster (norte de Irlanda). Pasó su infancia en una granja, junto al río que marcaba los límites con la República de Irlanda (Eire). Para él, la poesía es una forma de cavar en la memoria: la suya, la de su padre campesino, la de sus antepasados cercanos y lejanos. Así, en sus poemas es posible encontrar elementos que remiten a la vida rural, a la historia familiar, a la historia nacional, al presente en el que escribe, y a los mitos y tradiciones que identifica con lo que él es.

En la mitología griega, Anteo era un gigante, hijo de la Tierra y de Poseidón, que invitaba a los que llegaban a su casa a luchar con él y, después de vencerlos, los mataba. Heracles se topó con él en su camino en busca de las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, y se dio cuenta de que, en la lucha, cada vez que Anteo tocaba la tierra (su madre) recuperaba fuerzas y vencía a sus oponentes. Así que, cuando peleó con él, lo levantó sobre sus hombros e, impidiendo que tocara el suelo, lo mató. En su poema, Heaney retoma este mito en el que la tierra ocupa un lugar fundamental, pero lo cuenta desde el punto de vista de Anteo. En el poema pueden notarse las referencias a la tierra como el lugar del que se sacan fuerzas ("Siempre me tiro a tierra en las peleas / para frotarme con la arena / y eso funciona / como elixir" o "Pero que no se salga con su plan de levantarme en vilo de la tierra / mi elevación, mi caída") y la analogía que se establece entre ella y un cuerpo ("Del extenso contorno de la tierra, sus venas-ríos" o "Y me nutro por todas las arterias"). Con ello se da voz a una figura que siempre había estado silenciada y oprimida, como la voz de Irlanda frente al poder de Inglaterra y de su literatura.

Heaney vuelve a contar una historia ya sabida, la de Heracles y Anteo, pero, al adaptarla a su situación específica, obliga a entenderla de otra forma. Algo muy similar puede encontrarse en la reformulación que hizo el poeta ruso Joseph Brodsky (1940-1996) del mito de Dédalo e Ícaro en el siguiente poema.


Dédalo en Sicilia8

Pasó su vida construyendo algo, inventando algo.
Primero, para una reina cretense, una novilla artificial
que le permitiera encornudar al rey. Después un laberinto, por encargo
del rey mismo, para esconder de miradas perplejas
una descendencia intolerable. O un artefacto volador, cuando
el rey finalmente descubrió quién en la corte
se entretenía cumpliendo encargos.
El hijo pereció en ese viaje, al caer al mar,
como Faetonte, quien, según dicen, también desobedeció
las órdenes de su padre. Aquí, en Sicilia, erguido en la arena abrasadora,
se sienta un anciano capaz de transportarse
en el aire si se le quitara cualquier otro medio de paso.
Pasó su vida construyendo algo, inventando algo.
Pasó su vida escapando de aquellas ingeniosas construcciones, de
aquellas invenciones. Como si las invenciones
y las construcciones ansiaran liberarse de cualquier proyecto,
como los hijos que se avergüenzan de sus padres.
Supuestamente eso se debe al miedo
a la duplicación. Las olas corren hacia la arena
detrás brillan los colmillos de las montañas de la zona.
Pero él ya había inventado, cuando joven, el sube y baja,
aprovechando el fuerte parecido entre el movimiento y la estasis.
El anciano se inclina, amarra a su frágil tobillo
(para no perderse) un hilo largo,
se endereza con un gruñido y se encamina al Hades.

Brodsky nació en San Petersburgo, en ese entonces Leningrado, en 1940, en una familia judía; esto fue un serio problema debido al autoritarismo del régimen soviético. A los quince años, dejó la escuela y comenzó a trabajar y a escribir. En 1964 fue sentenciado a cinco años de trabajos forzados, ya que se consideró que sus poemas lo hacían un parásito social; permaneció 18 meses en el campo de trabajo y después fue liberado debido a la presión internacional; sin embargo, sus textos se prohibieron en la Unión Soviética y nadie se atrevió a darle trabajo. Aun así, sus poemas circularon de manera clandestina y llegaron a Europa y Estados Unidos, en donde fueron publicados en ruso y en traducciones al inglés. En 1972, cuando le sugirieron dejar su país, estuvo algún tiempo en Viena y Londres. Finalmente, se fue a Estados Unidos, donde vivió hasta su muerte en 1996.

Como Dédalo, Brodsky "pasó su vida construyendo algo, inventando algo" y "escapando de aquellas ingeniosas construcciones, de aquellas invenciones". Como Dédalo, vivió exiliado y perdió a su hijo y a sus padres, ya que se quedaron en Rusia y nunca volvió a verlos. Este poema no es sólo el recuento de una historia ya sabida, la de Dédalo e Ícaro, sino también es un texto sobre la memoria (memoria de los mitos de Dédalo y de Faetonte, memoria de los hijos que temen duplicar a los padres, memoria del padre que se amarra un frágil hilo para ir a buscar a su hijo al Hades) y la repetición. Los poemas de Heaney y de Brodsky, al recontar mitos clásicos, hacen presente la necesidad de la repetición y de su imposibilidad: son textos que se resisten a ser copias exactas y se vuelven repeticiones creadoras, recontextualizaciones en las que se cuentan, exploran y construyen identidades individuales y colectivas.


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